A la persona más humana; esa que puede pasar horas concentrándose en desenmarañar que siente, nos encanta auto destruirnos el alma. Así, cuando está descompuesta en los añicos más pequeños podemos pasar otras mil horas reconstruyendo el mosaico trozo a trozo, volviendo a poner en el mismo sitio las piezas que ya no encajaban.

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